La clasificación de una variante genética supone un reto importante y por ello su reclasificación con el tiempo es un proceso inherente a un estudio genético.
Estudios previos muestran un mayor impacto emocional cuando la variante se reclasifica hacia mayor incertidumbre.
Presentamos dos casos en los que esta reclasificación ha impactado significativamente en el diagnóstico y manejo clínico del paciente y sus familiares. |
A) Paciente de 61 años con miocardiopatía hipertrófica y antecedentes familiares. En 2014, se identificó la variante c.109A>G en heterocigosis en TPM1, clasificada como patogénica, cosegregando con la enfermedad en la familia. Los familiares con estudio genético presintomatico negativo fueron excluidos de seguimiento cardiológico, y un familiar optó por un proceso de PGT-m, teniendo dos hijos de 5 años. En 2023, la variante fue revisada y reclasificada como variante de significado incierto.
B) Paciente de 36 años con sospecha de diabetes MODY. En 2015, se identificó la variante genética c.-160_-154dup en HNF1A y se consideró causante de MODY 3. La misma variante se identificó en su hija, por lo que inició seguimiento clínico en endocrinología. En 2023, se revisó la variante y se reclasificó como benigna. |
Estos casos reflejan las consecuencias que puede tener la reclasificación de una variante genética. Es necesario ser conscientes de estas implicaciones a la hora de clasificar las variantes, en especial en aquellas a las que se les otorga una patogenicidad.
La reclasificación de una variante representa un desafío para el asesoramiento genético por lo que es esencial anticipar esta situación durante las visitas pre y post-test y proporcionar herramientas al paciente para transmitir esta nueva información a su familia.
Además, es imprescindible trabajar conjuntamente con los médicos que tratan al paciente debido a que puede implicar cambios en el diagnóstico y seguimiento del paciente y familiares. |